Las palabras tienen la naturaleza del agua: rodean las rocas, se adaptan al lecho del río, a veces se transforman en un lago hasta que la depresión se llena y pueden así proseguir su camino.
Porque la palabra, cuando ha sido escrita con sentimiento y alma, no olvida que su destino es el océano de un texto y que más tarde o más temprano llegará hasta él.

Todo el mundo tiene una buena historia que contar, y forma parte de la naturaleza humana el compartir un poco de la experiencia personal con los demás.

A medida que la pluma va trazando palabras en el papel, tus angustias desaparecen y tus alegrías permanecen. Hace falta tener valentía para mirar en lo profundo de uno mismo y traer lo que se ha visto hasta el mundo exterior, y hay que tener aún más valentía para asumir que, un día, lo que escribiste podrá (y deberá) ser leído por alguien.

Escribir es un acto de valentía. Pero merece la pena arriesgar.

Paulo Coelho.