El hombre que sabe leer.
El hombre que sabe leer, conversa con los ausentes, oye sus protestas de afección, sabe lo que hacen, piensan y desean.
Para el que sabe leer, la tierra no concluye ahí en el estrecho espacio que abarca su mirada; participa en la vida común, no encuentra extranjeros a sus ojos, porque puede saber la historia de todas las naciones; ninguna comarca les es desconocida, porque los libros pueden enseñarle el mundo como un espejo.
El que sabe leer puede aprenderlo todo, los libros son para las escuelas siempre abiertas que le siguen en su soledad, sin que ninguna voluntad pueda cerrarlas.
El hombre que sabe leer no conoce el fastidio, multiplica sus facultades y engrandece su naturaleza.
El hombre que sabe leer y escribir es como el pájaro que ha sentido desplegar sus dos alas; el mundo le queda abierto y ha contenido una victoria sobre el tiempo y el espacio.
